Allí estaba yo, un administrador de
empresas, un muchacho decente, que sacrifiqué 16 años estudiando para ser
alguien en la vida. El día de ayer, aproximadamente a las 5pm, fui nombrado
gerente de una sucursal de un importante banco en Huixquilucan.
Con la buena noticia de mi nombramiento,
me dirigí al cajero más cercano. La fila de personas que se encontraba
retirando efectivo en el cajero, tal vez por ser viernes, eran como diez
personas antes de mí. Con una impaciencia mía de pasar a retirar dinero de mi
cuenta bancaria, me estaba noviazgo. Nos conocimos desde que ella estaba en
segundo año de preparatoria y nuestro amor había sido como ningún otro. Era una
relación llena de muchos momentos lindos, muchas tardes llenas de momentos
increíbles, habíamos ido a tantos lugares como habíamos tenido la oportunidad, empezando
a enojar pues ya tenía quince minutos ahí formado. Saqué poco más de
veinticinco mil pesos y fui a comprar un lindo anillo para comprometerme con mi
novia, con la que llevaba siete años de habíamos superado tantos obstáculos en
nuestra relación. Por esa relación tan
maravillosa que hemos tenido desde que ella aceptó ser mi novia y hasta el día
de hoy, estaba decidido a dar el paso hacia el matrimonio.
Llegamos a un restaurante en la zona de
Interlomas. Mi aun novia y yo, nos ubicamos en una mesa del centro que yo había
pedido reservar desde el día de ayer que recibí mi nuevo nombramiento. El lugar
estaba a su máxima capacidad a esa hora. Con los nervios encima, yo no aguanté
las ganas de darle la noticia que por un par de años ella había estado
esperando con temor de que no llegara. Le entregué el anillo, la miré
tiernamente a los ojos y le pedí que nos casáramos. Jennifer no podía creerlo,
se le notaba en su cara de felicidad, y me abrazó durante un largo rato. Ella
es una mujer sencilla, bella, tierna, sonriente, amable y con un maravilloso
corazón lleno de amor. Juntos estábamos haciendo realidad el sueño de nuestras
vidas: casarnos. Mientras ella me abrazaba con tanta ternura yo le repetía lo
mucho que la amaba y ella no se quedaba atrás contestándome con palabras que me
hacían amarla aún más. Ese día tan
especial, tanto para ella como para mí, fue lo mejor de nuestras vidas. Ahí
estaba el comienzo esta historia, de nuestra historia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario